“Hoy, cuando entro al Congreso, no dejo esa historia afuera. La llevo conmigo en cada decisión porque hay cosas que no se negocian” destaco.
Para Aldo Leiva, diputado nacional y veterano de guerra, Malvinas no es una efeméride. Recientemente, volvió a ponerse el uniforme y no lo hizo por nostalgia, ni para buscar la comodidad de una foto institucional. Lo hizo desde una fibra mucho más sensible.
“Representa superación. Pero, sobre todo, memoria. La de mis compañeros. La de quienes lo usaron con dignidad y coraje. Y la de los que quedaron allá”, recordó Leiva.
En su libro “Hasta aquí llegué”, el legislador se aleja de la construcción de un relato épico convencional. En sus páginas, prefiere contar lo que duele y lo que marcó a fuego a una generación. Su testimonio deja claro que Malvinas no se termina de acomodar nunca en el pasado; es una experiencia que se filtra en cada paso y en cada decisión del presente.
Del frente de batalla al recinto legislativo,
quien fuera soldado del Regimiento de Infantería de Monte 4, integra hoy esa lista de jóvenes que fueron a la guerra sin elegirla, pero que regresaron con una carga invisible que define su identidad.
“Hoy, desde mi banca, no utilizo la causa como una bandera partidaria, sino como un límite ético. En un contexto nacional donde la memoria suele ser objeto de debate y revisionismo”, remarcó.
“Malvinas no es un discurso. Es una herida que sigue abierta. Es una causa que sigue de pie”


