Chaco

CHACO: “Laicos Caminantes”: 47 Años De Fe, Sacrificio Y Hermandad En El Vía Crucis Interprovincial

 Detrás de esa multitudinaria manifestación de fe que une a Chaco y Corrientes, existe una historia profundamente humana y espiritual: la del grupo “Laicos Caminantes”, los impulsores de una tradición que lleva ya 47 años ininterrumpidos.

La crónica de esta experiencia comenzó en 1979, cuando un grupo de jóvenes, reunidos entre amistades, mates y charlas de fin de semana, sintió la necesidad de vivir la Semana Santa de una manera distinta. No querían que la fe quedara solo entre las paredes de un templo, sino que deseaban ponerla en movimiento, convertirla en camino, en entrega y en testimonio.

Fue entonces cuando surgió una idea que con el tiempo se transformaría en una de las expresiones religiosas más importantes del nordeste argentino: realizar una caminata que uniera iglesias y, al mismo tiempo, hermanara espiritualmente a Chaco y Corrientes.

Una inspiración que se volvió historia

Según recuerdan quienes fueron parte de aquellos primeros pasos, fue Adolfo “Chichin” Carrara quien, en un momento de profunda inspiración, propuso realizar una caminata especial durante Semana Santa, conectando ambas provincias. Esa iniciativa fue recibida por el grupo como un verdadero llamado espiritual.

Así nació también el nombre que los acompañaría para siempre: “Laicos Caminantes”. No eran solo peregrinos. Eran hombres y mujeres comprometidos con una fe viva, dispuestos a expresarla con la oración, el sacrificio físico y la presencia comunitaria.

Aquel grupo fundador estuvo integrado, entre otros, por Adolfo “Chichin” Carrara, Mabel Sponton de Carrara, Chiquito Galissi, Negro Sambrino, Gringo Giraudi, Ismael Visconti, Carlos Ramos, Rosa Fernández, Mirta de García, Mary Gatty, Negro Castillo, Pedro Ortiz, Carlos Acevedo, Ángel Mora y la Dra. Cercik, con el acompañamiento espiritual del Padre José Ceschi, quien incluso caminaba junto a ellos mientras brindaba confesiones a los peregrinos.

El primer desafío: la cruz y el puente

La primera edición tuvo lugar en la medianoche del 13 de abril de 1979, cuando la idea dejó de ser un sueño para convertirse en una verdadera prueba de fe. El grupo emprendió la caminata con un símbolo que resumía el sentido de la experiencia: una cruz de madera que debía ser trasladada a lo largo del recorrido.

El gran desafío era cruzar el Puente General Belgrano, transformando ese trayecto no solo en un paso físico entre dos provincias, sino en un verdadero puente espiritual entre dos comunidades hermanas.

El recorrido unía, además, dos espacios de fuerte carga simbólica: los conventos de las Hermanas Clarisas de Corrientes y Resistencia. De esta manera, cada paso de aquellos jóvenes fue construyendo mucho más que una caminata religiosa: estaban fundando una tradición de hermandad, oración y memoria compartida.

De un grupo de amigos a una multitud de creyentes

Con el correr de los años, aquello que comenzó entre amigos fue creciendo. Ya no eran solo unos pocos caminantes, sino que se fueron sumando familias enteras, jóvenes, adultos mayores y comunidades parroquiales completas, todos dispuestos a vivir la Semana Santa desde el compromiso y la fe.

La caminata atravesó décadas, contextos sociales distintos, cambios de época y dificultades de todo tipo. La lluvia, el frío y el cansancio jamás detuvieron esta expresión de fe popular, que fue consolidándose año tras año como una de las tradiciones religiosas más sentidas de la región.

En aquellos primeros tiempos, incluso, el acompañamiento logístico tenía un sabor muy particular. Quedó en la memoria de los caminantes aquel Citroën 3CV que servía como apoyo y permitía que la música, las oraciones y los mensajes pudieran llegar a todos durante la peregrinación.

También el tiempo fue dejando sus huellas. De aquellas tres cruces originales que acompañaron los inicios del recorrido, hoy solo quedaría una, conservada como símbolo de una historia cargada de devoción. Lo mismo ocurre con la imagen de la Virgen de los Dolores, profundamente ligada al espíritu del Vía Crucis.

Un legado que pasó de generación en generación

Como toda obra nacida desde la fe y el compromiso, el Vía Crucis Interprovincial también fue sostenido por personas que marcaron su crecimiento y consolidación. El legado de “Chichin” Carrara fue pasando de mano en mano, de hermano en hermano, convirtiéndose en una responsabilidad compartida por quienes sintieron el llamado de mantener viva esta tradición.

En ese camino, también dejaron una huella importante referentes espirituales como el Padre Roberto Lemay, desde la Parroquia Nuestra Señora de La Merced, quien fue asesor espiritual y animador del grupo. Más adelante también acompañaron y fortalecieron esta experiencia el Padre Marcelo Cantero y el Padre Luis Possi, entre otros.

Actualmente, desde esa misma comunidad parroquial, se destaca el impulso y la animación del Padre Oscar Francisco Ríos, quien continúa alentando esta manera especial de vivir la Semana Santa, sosteniendo una tradición que ya forma parte de la identidad religiosa y cultural de la región.

47 años de una fe que sigue caminando

Hoy, el grupo “Laicos Caminantes” puede mirar hacia atrás con emoción y gratitud. Son 47 años de historia ininterrumpida, 47 años de oración, sacrificio, comunidad y encuentro con Dios en el camino.

Lo que comenzó como una inquietud juvenil se transformó en una de las manifestaciones de fe más conmovedoras del nordeste argentino. Una experiencia que no solo une a dos provincias, sino que también une generaciones, historias personales y corazones creyentes.

Porque más allá de los kilómetros recorridos, de las estaciones rezadas o del cansancio del cuerpo, el verdadero sentido de este Vía Crucis permanece intacto: seguir caminando con esperanza, sabiendo que la fe compartida siempre encuentra la manera de abrir caminos.

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