Ante una multitud de fieles que colmó la Basílica de Itatí, el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Corrientes, monseñor José Adolfo Larregain, presidió la misa central por el 126.° Aniversario de la Coronación Pontificia de la Virgen de Itatí.
En su mensaje, el prelado evitó los discursos condescendientes y trazó un crudo diagnóstico de la realidad nacional, advirtiendo que la sociedad atraviesa tiempos sumamente complejos.
Larregain enfocó sus primeras palabras en las dificultades cotidianas que golpean a los hogares del Nordeste y del país.
El religioso señaló que muchas familias experimentan serias incertidumbres, marcadas especialmente por el impacto de la crisis económica, la falta de empleo digno, la enfermedad y la soledad.
Asimismo, hizo una mención especial sobre la situación de los jóvenes, quienes hoy sienten una profunda preocupación por la falta de oportunidades y el porvenir. Frente a este panorama de desaliento, el obispo instó a la comunidad a no dejarse vencer por el pesimismo y a buscar refugio en los valores comunitarios de la fe.
La Selección Argentina como metáfora de resiliencia
En un tramo inesperado de su homilía, monseñor Larregain tendió un puente entre la fe popular y el fervor deportivo para ilustrar la capacidad de superación del pueblo argentino. El prelado tomó como referencia el desempeño y la actitud de la Selección Argentina en el Mundial, destacando que el equipo nacional representa un testimonio valioso sobre cómo es posible “remontar situaciones adversas y salir adelante a base de esfuerzo, confianza y fe”.
Para el obispo, el verdadero valor de los deportistas trasciende lo que ocurre en el campo de juego, debido a que el partido dura solo un momento, pero la vida real “se juega afuera de la cancha”.
En ese sentido, invitó a los fieles a asimilar esos ejemplos de conducta y resiliencia para aplicarlos en los problemas cotidianos de la vida familiar y comunitaria, sosteniendo la confianza de que siempre es posible revertir los escenarios más desfavorables.
Cuatro antídotos frente al desánimo y la crisis
Para hacer frente a las adversidades de la época actual, Larregain propuso lo que denominó como cuatro grandes remedios o antídotos que posee el pueblo correntino para sanar sus males y que no debe perder bajo ninguna circunstancia.
El primero de ellos es la fe sencilla y perseverante de las familias, que continúan rezando y confiando en Dios aun en los contextos más hostiles.
El segundo pilar es la solidaridad, expresada en la capacidad de compartir el pan y acompañar al que está solo, una actitud que el prelado consideró muy propia del ser litoraleño y que se evidencia en el cuidado mutuo que demuestran, por ejemplo, los peregrinos de San Luis del Palmar en su caminata hacia el santuario.
Los últimos dos componentes para combatir la desesperanza son, según la predicación del obispo, la esperanza activa que nace de la oración diaria y que impide que el ciudadano se resigne pasivamente ante el mal, y la alegría serena que brota de la fe, una fortaleza interior que ninguna crisis social o económica tiene el poder de apagar.
Al concluir su alocución, el pastor correntino exhortó a los feligreses a renovar la confianza mutua, trabajar unidos como hermanos y asumir el compromiso de ser testigos de concordia en sus respectivos hogares y puestos de trabajo.


