Corrientes

CORRIENTES: Indagarán Sobre La Toxicidad De Plantas Usadas En La Etnomedicina Regional Para Problemas Digestivos

 En los hogares del nordeste argentino, muchas familias recurren antes a un té de burrito o boldo que a una pastilla, frente a una mala digestión o a un malestar estomacal. Esa práctica, transmitida de generación en generación, convive hoy con una paradoja que la ciencia todavía no resolvió del todo: nadie sabe con precisión hasta qué punto esas plantas son seguras para quien las consume.

Sofía Dell Orto, Licenciada en Criminalística de la UNNE, lleva adelante una investigación que pretende dar más certezas sobre la toxicidad, “en plantas utilizadas como digestivas por la etnomedicina regional”, dirigida por el doctor Gonzalo Ojeda (LabProdNat, IQUIBA-NEA, CONICET-UNNE) y codirigida por la doctora Ana María Torres.

Su trabajo se desarrolla en el Laboratorio de Productos Naturales del IQUIBA-NEA de la FaCENA y es sostenido gracias a una Beca Estímulo a la Investigación Tipo I otorgada por la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la UNNE.

La Organización Mundial de la Salud estima que tres de cada cuatro personas en el mundo dependen, casi de manera exclusiva, de plantas para cuidar su salud. En Argentina, esa dependencia tiene raíces profundas. Los pueblos originarios que habitaron el territorio —guaraníes, tobas, vilelas, entre otros— desarrollaron durante siglos un conocimiento sobre el uso medicinal de la flora local que luego se mezcló con el saber criollo y europeo para dar forma a una tradición de uso vasta y variada.

Muchas plantas contienen sustancias que, en determinadas cantidades o circunstancias, pueden resultar tóxicas. Algunas de esas sustancias varían según la época del año en que se recolecta la planta, el tipo de suelo donde creció o las condiciones del clima. Un mismo ejemplar puede tener una composición diferente en otoño que en primavera, o en un suelo húmedo que en uno seco.

A esto se suma que, en los estudios disponibles sobre plantas digestivas de uso regional, los datos sobre toxicidad son escasos. Esa es, precisamente, la brecha que esta investigación busca cubrir.

 Las plantas bajo estudio. Dell Orto trabaja con un conjunto de especies vegetales que la etnomedicina —es decir, el sistema de conocimientos médicos de los pueblos— del nordeste argentino utiliza para tratar malestares digestivos: acidez, indigestión, gases, cólicos, diarrea y náuseas, entre otros. La lista incluye plantas de amplio conocimiento popular como la marcela, el burrito, el llantén, la menta, el paico, el ajenjo, la yerba lucera, el diente de león y el boldo brasilero, entre otras.

Varias de ellas tienen antecedentes de uso seguro, pero algunas también cargan con advertencias. El paico, por ejemplo, figura como causa frecuente de intoxicaciones en niños según datos de un hospital de referencia nacional. El ajenjo y algunas variedades de burrito contienen una sustancia llamada tuyona, que en dosis altas puede provocar convulsiones. El boldo brasilero, si se consume durante períodos prolongados, puede dañar el hígado y los riñones. Estos casos ilustran por qué la investigación es necesaria.

Dell Orto se planteó cuatro objetivos concretos para llevar adelante el trabajo. El primero consiste en identificar cada especie vegetal con precisión y preparar las muestras del mismo modo en que las personas las consumen habitualmente —en infusión o decocción, es decir, como un té o una preparación hervida— para que los resultados reflejen condiciones reales de uso.

El segundo objetivo es medir el nivel de toxicidad de esas muestras mediante una prueba que utiliza larvas de un pequeño crustáceo marino, la Artemia salina, como indicador. Esta prueba, de uso frecuente en estudios de toxicología vegetal, permite obtener una primera aproximación al peligro que puede representar cada planta. Esa medición se realizará además teniendo en cuenta la zona donde fue recolectada la planta y el momento del año en que se hizo la recolección, para detectar diferencias.

El tercer objetivo es aplicar una segunda prueba —en este caso con bulbos de cebolla— a las plantas que en la primera etapa mostraron algún nivel de toxicidad. Esta prueba permite evaluar si las sustancias presentes en esas plantas alteran el material genético de las células, es decir, si podrían causar daño en el ADN.

El cuarto objetivo es determinar, sobre las plantas que resultaron tóxicas en las etapas anteriores, cuál es la dosis a partir de la cual ese efecto ocurre. Finalmente, se buscará identificar qué sustancias específicas dentro de cada planta son las responsables de esa toxicidad, utilizando tecnología de separación y análisis de compuestos químicos.

Hipótesis a verificar. La investigación parte de cuatro suposiciones que deberán ser confirmadas o descartadas con los datos que se obtengan.

La primera es que la mayoría de las plantas analizadas no representará un riesgo en el uso habitual: se espera que, en la prueba con larvas de crustáceo, la mayoría de las especies no alcance los niveles que indican toxicidad.

La segunda es que las plantas que sí muestren algún nivel de riesgo en esa primera prueba podrán ser caracterizadas con mayor detalle a través del conjunto de pruebas siguientes, lo que permitirá saber qué tipo de daño pueden causar.

La tercera hipótesis es que la toxicidad de esas plantas variará según el lugar donde fueron recolectadas y la época del año. Si esto se confirma, será posible determinar en qué zonas y en qué momentos la recolección produce plantas más seguras.

La cuarta suposición es que será posible aislar las sustancias responsables de la toxicidad dentro de cada planta y determinar su identidad química con precisión.

El laboratorio donde se desarrolla la investigación tiene trayectoria en el estudio de plantas medicinales y aromáticas de la región. En los últimos años, el equipo puso en marcha distintos métodos para evaluar la toxicidad de productos naturales, incluidas las pruebas que Dell Orto utilizará en su trabajo. Además, cuenta con la colaboración de otros grupos de investigación, lo que abre la posibilidad de realizar pruebas en células u organismos vivos si los resultados así lo requieren.

Impacto de los resultados. En primer lugar, podrían servir para alertar a la población sobre los riesgos del uso de determinadas plantas, especialmente en grupos vulnerables como los niños, las personas mayores o quienes tienen enfermedades previas.

En segundo lugar, contribuirá a establecer concentraciones de uso seguro para las plantas que resulten tóxicas, de manera que el conocimiento tradicional no se pierda sino que se regule con base en evidencia.

La validación científica de prácticas tradicionales podría facilitar la incorporación de algunas de esas plantas a los sistemas públicos de salud, lo que reduciría los costos de atención para los sectores con menos recursos.

Por último, el desarrollo de esta línea de investigación consolidará en la región una capacidad técnica específica en toxicología de productos naturales, con impacto en la formación de futuros profesionales de la salud y la química.

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