El dato confirma una baja respecto de los meses previos, pero también muestra que el proceso de desinflación no impacta de manera homogénea en todo el país.
Durante abril, el Índice de Precios al Consumidor del NEA registró una variación mensual del 2,7%, apenas por encima del 2,6% observado a nivel nacional. La diferencia parece acotada en términos mensuales, pero adquiere mayor relevancia cuando se observa la trayectoria acumulada: en lo que va de 2026, la inflación regional alcanzó el 14,6%, frente al 12,3% nacional, lo que marca una presión más persistente sobre los precios en las provincias del NEA.
La comparación interanual también refleja esa brecha. Mientras la inflación nacional acumuló una suba del 32,4% en los últimos doce meses, el NEA registró un incremento del 33,5%. Este dato confirma que la región no solo acompaña la dinámica general de desaceleración, sino que lo hace desde una posición más tensionada, con precios que continúan corriendo levemente por encima del promedio del país.
Uno de los principales factores de presión se observa en los precios regulados. En abril, este componente aumentó 5,0% en el NEA, por encima del 4,7% nacional. Esto indica que una parte relevante de la inflación actual no responde únicamente a decisiones comerciales o a variaciones estacionales, sino también a correcciones en tarifas, transporte, electricidad, combustibles, comunicación y otros precios administrados que tienen impacto directo sobre hogares, comercios y pymes.
Los precios estacionales no aparecen como el motor principal de la inflación de abril. Mientras que a nivel nacional no registraron variación mensual, en el NEA avanzaron apenas 0,8%, una suba moderada frente al comportamiento de otros componentes del índice. Por eso, la lectura regional no debería concentrarse en factores transitorios como frutas, verduras, turismo o cambios de temporada, sino en presiones más estructurales vinculadas a precios regulados y servicios de mayor incidencia sobre los costos cotidianos.
La dinámica de fondo también muestra una desaceleración incompleta. La inflación núcleo, que excluye regulados y estacionales, fue del 2,3% tanto en el NEA como a nivel nacional, lo que marca una menor velocidad respecto de los meses previos, pero no una normalización plena del sistema de precios. El dato es relevante porque indica que, aun sin considerar tarifas ni factores estacionales, los precios siguen aumentando a un ritmo todavía elevado para hogares, comercios y pymes.
El impacto sobre las condiciones de vida sigue siendo relevante. En el NEA, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) alcanzó los $184.260, con una suba mensual del 2,4% y una variación interanual del 36,3%. La Canasta Básica Total (CBT) llegó a $375.774, con un incremento mensual del 2,7% y una suba interanual del 33,5%.
Hacia adelante, las expectativas muestran una economía con menor nominalidad, pero todavía lejos de un escenario de inflación baja. Según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que realiza mensualmente el BCRA, se espera una inflación del 24,3% para los próximos doce meses, del 30,7% para 2026 y del 19,1% para 2027. También proyecta un tipo de cambio que cerraría el año en $1.676, lo que sugiere que no se espera una devaluación brusca en el escenario base, pero sí una corrección nominal gradual.
El cuadro general muestra una economía que desacelera la inflación, pero bajo condiciones todavía restrictivas. Las proyecciones incorporan un crecimiento del PBI de 2,5% hacia diciembre de 2026, una desocupación estimada en 7,3% y una tasa de interés del 23,5%. En ese marco, el desafío para el NEA será monitorear con mayor precisión cómo la baja de la inflación convive con costos regulados elevados, presión sobre servicios básicos, recomposición tarifaria y una estructura productiva regional más sensible al poder de compra, al financiamiento y al nivel de actividad.


